No siempre es genética

Una de las frases más repetidas cuando alguien mejora físicamente es: “claro, es que tiene buena genética”.

A veces será verdad. Pero muchas veces no.

Muchas veces lo que hay detrás es alguien que ha repetido lo mismo durante meses: entrenar, comer mejor, descansar, volver a intentarlo, fallar, corregir y seguir.

La mayoría de cambios físicos no empiezan con una rutina perfecta. Empiezan con una decisión bastante simple:

no seguir igual.

No hace falta tener el mejor gimnasio, el mejor cuerpo ni la vida totalmente organizada para empezar. Lo importante es dejar de esperar el momento perfecto, porque casi nunca llega.

Empiezas con lo que tienes.
Con tu nivel actual.
Con tu ropa actual.
Con tus inseguridades actuales.
Pero empiezas.

Y cuando empiezas de verdad, algo cambia.

No solo cambia tu cuerpo. Cambia la forma en la que te ves a ti mismo.

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